Pablo Fallabrino ganador
Lo designó la Guía Descorchados del chileno Patricio Tapia, quien así justificó su nombramiento: “Conocí a Pablo hace unos veinte años y quedé impresionado, por la libertad con que se inspiraba para elaborar sus vinos y la necesidad vital que sentía por experimentar. Eran años en que pocos enólogos en esta parte del mundo, tenían esa impronta tan fuera del deber ser. Lo considero uno de los enólogos más creativos de América del Sur”

Su abuelo, don Ángelo Fallabrino llegó a Uruguay en 1923, desde el Piemonte para plantar en suelo uruguayo, las semillas de una tradición que hoy, un siglo después sigue trazando huella. Pablo y sus hermanos heredaron un viñedo, cerca de Atlántida y a él le tocó atenderlo. Al igual que don Ángelo, también construyó bodega y siguiendo la tradición familiar, decidió plantar, además de las francesas, algunas cepas italianas, como: Nebbiolo, Dolcetto, Barbera y Arneis.

Esta actitud, en cierto modo audaz para nuestro medio, coincide con su forma de comenzar a vender sus vinos. A fines de los 90, contando apenas con sus primeras muestras, comenzó a viajar al exterior, a participar de ferias, a hacer contactos y a conseguir los importadores adecuados a su estilo de producción. Tuvo éxito y hoy los exporta a Europa, USA y Brasil, con pedidos que se repiten cada año.

Aún estaba redactando esta nota, cuando me encontré con Jacqueline Silva, profesora en Gato Dumas. Aproveché a preguntarle cuál de los vinos de Pablo destacaría y sin dudar me dijo: “Su proyecto siempre fue diferente, con uvas distintas y con métodos como el del Angel’s Cuvee Ripasso Tannat, bien original para nuestro país. Es la técnica que se utiliza para el Amarone italiano y lo llevo a clase, para mostrar un tinto de un perfil muy interesante y bien distinto”.
También el Karumbé Barbera, es otro de una variedad de bajo contenido tánico, de buen color y cuerpo, que tiene un paso de boca muy cordial. El Notos – 90% Nebbiolo y un 10% de Tannat (“para darle un toque de uruguayez” según Pablo), es bien aromático y sabroso, ideal para servirlo con una lasaña gratinada.
Iberpark en Uruguay vende sus vinos y Leo Guerrero, embajador de marca de esta tienda de vinos, los conoce bien. Coincide con la opinión del chileno Tapia y dice: “Pablo es un visionario, si hablamos de vinos de mínima intervención. Los hacía en momentos, en que pocos se atrevían a usar esta técnica. Sin vacilar, los puso sobre la mesa para mostrar que, en un país con un clima tan inestable, es posible lograr vinos de este tipo. Su mezcla de variedades tradicionales con las italianas que tanto le atraen, aporta una gran diversidad al panorama vitivinícola nacional”.
Y Leo completa su opinión de esta manera: “Su portafolio abarca desde vinos jóvenes, pensados para beber antes de la próxima cosecha y que destacan la fruta, la amabilidad y la frescura. También destaco sus vinos de guarda como el Austros, que muestran otra faceta de Pablo. Un gran vino, muy disfrutable tras varios años de crianza en barrica y botella”.

Franco Fallabrino, hijo de Pablo, tiene 26 años y creció literalmente entre viñedos, cosechas, y elaboraciones. Trabaja en Zonamerica y prepara su tesis para recibirse de ingeniero agrónomo. Le gusta acompañar a su padre a las ferias en el exterior y también en algunas producciones. Si bien le gustaría especializarse en ganadería, padre e hijo comparten el proyecto de la vitivinicultura regenerativa. Pablo habla con orgullo cuando se refiere a Franco y dice convencido que “será él quien deba decidir si quiere seguir con el legado familiar”.
El reconocimiento de la Guía Descorchados no es solo un premio a una trayectoria, sino una validación a la persistencia de un estilo propio. Pablo Fallabrino ha logrado algo complejo en el mundo del vino: ser fiel a su herencia italiana sin dejar de ser profundamente uruguayo, y ser radicalmente experimental sin perder la elegancia. Es, en definitiva, el brindis merecido para un enólogo que decidió hacer camino al andar, bien por fuera del guion establecido.
EDUARDO LANZA
Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Comparte su saber y anécdotas de una forma atractiva desde hace más de 20 años. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino. Nos lo cuenta en un contexto histórico y cultural, y eso también lo hace diferente.