Huentala Wines fue fundada en 2002, por el empresario mendocino Julio Camsen, con la adquisición de las tierras en Gualtallary (Valle de Uco). La bodega es hoy referente, no solo por sus vinos de alta gama, sino también por integrar el arte de su ya famoso Parque de Esculturas. Además, tres hoteles céntricos en la capital de Mendoza se integran al grupo empresarial, para completar una atractiva propuesta enoturística

En particular, el parque fue concebido como una experiencia mística y sensorial que busca trascender la simple producción de vino. La idea central es rendir homenaje a la tierra, a los animales autóctonos y a la cultura de la región, convirtiendo los viñedos, en una suerte de galería de arte a cielo abierto contando como telón de fondo, el paisaje de montaña que sigue siendo el protagonista de la región. Ni bien cruzar el portal de ingreso, el visitante se encuentra con una hormiga de acero de tamaño descomunal. Frente al lago del centro de visitas, los zorros blancos y de gran porte, forma parte del increíble paisaje andino.

En el mes de abril Catadores volvió a Mendoza, y Huentala Wines formaba parte del programa. Fuimos recibidos por Agustín Muñiz, joven mendocino, enólogo de las líneas de alta gama de la bodega. Lo primero que nos enseñó fue el viñedo, el cual se implantó en un río de la época del deshielo universal. La cosecha había finalizado hacía pocos días y aun colgaban algunos racimos en las plantas que los curiosos supimos saborear.

Luego de reconocer tres suelos diferentes de sus respectivas calicatas, nos Agustín no internó en la bodega a probar vinos de tanque y barricas. ¡Que experiencia! Su propósito fue que reconociéramos los Malbec de los diferentes suelos recién visitados y comprender así sus diferencias en los sabores.

Era la hora de partir, cuando nos esperaban con un almuerzo de perfil andino en el restaurante Rastro. Llegaban los platos a la mesa con ingredientes de la región, poco conocidos por estos lares. El vino de diferentes añadas iba de copa en copa. El reloj seguía marcando las horas y nosotros sin intenciones de regresar. El café fue al aire libre, ese aire limpio y fresco que nos regala la cordillera, donde los rayos del sol se reflejan en las nieves eternas de los Andes. Una bodega que vale la pena visitar y conocer sus vinos.