Bruno Bresesti es un joven ingeniero agrónomo, muy inquieto y creativo, tanto para elaborar sus vinos, como para crear junto a Viviana su esposa, una consultoría que asesora a incipientes micro productores. La web de su bodega ayuda a conocerlo un poco más, cuando se lee la consigna: “No hacemos vinos, transformamos uvas”. Y a renglón seguido una pregunta provocadora: “¿Cansado de que los vinos no te sorprendan? Nosotros también, por eso tenemos más de 40 etiquetas distintas que desafían las reglas”

Más de 40 etiquetas distintas

El Montevideo rural también existe

La bodega queda pasando Colón, cerquita de la Perimetral 102. Construida por su abuelo en 1937, fachada de ladrillo vista, con un cerco verde al costado que se extiende hasta el portón que da acceso al patio.

Una tarde nublada y fría, fui a verlo y me sorprendió que, apenas tardé 40 minutos en llegar desde el Parque Rodó, teniendo en cuenta el tránsito que hoy llena las calles de Montevideo.

Me recibe en su escritorio y comenzamos a charlar. Ya conocía parte de su historia, aunque vale la pena refrescarla. Una vez egresado de la facultad de Agronomía, Bruno hizo una pasantía en California para entrenarse. Al volver comenzó a elaborar vinos finos con tan buen éxito que, su Tannat Premium 2015 obtuvo una medalla de oro en el concurso Vinalies de Francia.

El clásico pack de Bresesti Wines

La charla deriva entonces, hacia su interés por trabajar dos cepas italianas, Nebbiolo y Sangiovese, y la portuguesa Souzão. Son tres tintas, que le sirven para dar rienda suelta a su afán de experimentar. Aunque en realidad otro tinto, el varietal de Arinarnoa, es el que tiene mejor acogida entre sus clientes. De los blancos, su preferido es el Sauvignon Blanc y en su línea Pequeñas Colecciones, lo elabora con crianza sobre borras y es uno que vale la pena probar.

Un viñedo en Lavalleja y otro en Maldonado

Pero me interesaba saber más de sus consultorías que, junto con Viviana, desarrollan aquí y en Argentina. “En Lavalleja, la familia Gallino en plena sierra, ya instalaron su propio viñedo con unas 2.000 plantas y como buenos italianos, incluyeron Nebbiolo y Sangiovese, además de Marselan”, me comenta Bruno. Su línea de cuatro tintos Collezione Sogno ya está en el mercado a un precio que ronda los $600.

En Maldonado, cerca de la Laguna de Rocha, la familia argentina Fuchs, también plantó su viñedo en su finca Wine Atelier Sidera Mare. Es un proyecto de nicho, muy exclusivo y el nombre ya lo anuncia. No es una bodega, es un “taller” dedicado a producir ediciones limitadas de Tannat y Cabernet Franc y, la familia lo ha encarado como un desafío que la entusiasma, sobre todo a los hijos Pipi y Juan Martín.

Pasado y futuro se conjugan en las manos de Bruno

Bruno se ha manejado bien en las redes y ha sido un buen comunicador de estos desarrollos. Lo cual le trajo otros micro emprendedores. Así, Hugo en Cerro Largo, Carlos y Sebastián en Colonia o José y Virginia en Salto, entre otros, que lo siguen y contratan sus servicios.

Desde Argentina también lo llaman

“Hernán y César de San Antonio de Areco, en la provincia de Buenos Aires, no lograban que su viñedo prosperara. Porque en esa pampa húmeda con suelos fértiles, bien distintos a los de la cordillera y más parecidos a los nuestros, el manejo debe ser diferente. La poda no era la correcta y las aplicaciones fitosanitarias inadecuadas. Allí también llueven 1.200 mm por año igual que aquí”, me señalaba Bruno de este caso.

Hoy son unos 15 pequeños productores argentinos, a los que asesora y precisan de su profesionalismo, lo cual le hace cruzar el río con frecuencia.

Al despedirme, me llevo la certeza de que la consigna de su web es mucho más que un eslogan. Bruno no solo transforma uvas en más de 40 vinos que desafían las reglas, sino que también transforma los sueños de incipientes productores en realidades palpables. Con un pie en su viñedo familiar y el otro cruzando fronteras, su espíritu inquieto sigue demostrando que la pasión por la vitivinicultura, cuando se comparte, siempre asegura una excelente cosecha.