Hace semanas que me preguntaba, qué estará pasando en los viñedos europeos, con las altas temperaturas de este verano. Mientras tanto, calculaba que las cosechas se adelantarían y que los rendimientos serían menores, como ya sucedió en 2003. Ese año, una ola de calor sin precedentes azotó Europa en agosto, con temperaturas sostenidas por encima de los 40 °C. Recuerdo también, cómo tomó por sorpresa a los productores, acostumbrados a deshojar para que los racimos recibieran más sol y maduraran mejor, lo que redundó en exponer las uvas a un sol inclemente, que las “cocinó” en la propia planta. Ahora, ya empiezan a llegar noticias de lo que está pasando y desde Catadores quiero compartirlas contigo

En Francia según AFP y Reuters

Francia ya registró el año pasado, su producción más baja desde 1957 y ahora se estima bajará otro 5%. En Champagne, los productores deberán recurrir a los vinos de reserva, para complementar los bajos rendimientos. La vendimia se adelantó tanto que algunos viticultores acortaron sus vacaciones de verano y tuvieron que volver a llamar a los vendimiadores antes de lo previsto. El Ministerio de Agricultura francés vaticina que, en esta región, la producción se reducirá a la mitad respecto al año anterior. En cambio, en Burdeos, se espera un repunte de un 10% con respecto a 2025. Es que, las lluvias de finales de agosto ayudaron a compensar el estrés hídrico, aunque la producción se mantendrá muy por debajo de su promedio de los últimos cinco años.

En Galicia y Rioja

Para saber de España, casi siempre consulto a www.vinetur.com y de esta ola de calor informaba: Aunque el viñedo español está históricamente acostumbrado al sol, las temperaturas superiores a los 40 °C generan el crítico bloqueo de la vid. Sucede cuando para no morir de sed, la planta cierra sus estomas, detiene la fotosíntesis y frena la maduración. Yendo a Galicia, la Albariño es famosa por su frescura y con tanto calor las uvas pierden acidez y obligan a cosechar de forma súper temprana para no perderla. Esa frescura es la que define la identidad de los vinos blancos gallegos.

En La Rioja, la ola de calor dejó ganadores y perdedores. El sector oriental, de más llano y de influencia mediterránea, sufrió muchísimo. En cambio, viñedos en las zonas más altas en las laderas de la Sierra de Cantabria, donde las noches logran refrescar un poco, pudieron mantener mejor el equilibrio del vino. Hoy en España, la respuesta al cambio climático por parte de los productores es buscar altura y latitud. Grandes bodegas riojanas están comprando tierras en las cotas más altas posibles, a 700 u 800 metros sobre el nivel del mar.

Italia no fue una excepción

Según www.gaberorosso.it, en la región de Toscana – que tantas veces hemos visitado con Catadores Uruguay – el cambio climático está obligando a rediseñar la viticultura clásica. El Chianti Clásico es mundialmente amado por ser un vino fresco, vibrante, con notas a cereza ácida, violetas y una acidez que lo hace perfecto para acompañar comidas. Esta ola de calor está dando vinos muy alcohólicos (muchos ya rozan o superan los 15%), pesados, con aromas a fruta cocida o mermelada y una acidez peligrosamente baja. Muchos productores entonces están rociando las vides con una mezcla de agua y caolín (una arcilla blanca natural). Al secarse, las hojas y las uvas quedan cubiertas de una fina capa blanca, que refleja la luz solar y reduce la temperatura de la planta hasta en 3 o 4 grados, evitando las quemaduras y el estrés hídrico sin afectar el sabor del vino.

El cambio del chip se hace obligatorio

El Viejo Mundo, como se le conoce a los países productores europeos, ha dejado de ser ese paisaje predecible e inmutable donde las tradiciones se repetían, año tras año, como un reloj suizo. Aquel histórico y desconcertante verano de 2003 fue el primer gran aviso de la naturaleza; las vendimias recientes son la confirmación absoluta de que las reglas del juego han cambiado para siempre.