Cuando la pasión impera
Corría el año 2001 cuando en Agrelo, Luján de Cuyo, la familia Catena Zapata celebró la inauguración de su nueva bodega, con la forma de una pirámide maya. En un mercado global tan competitivo, se convirtió al instante en un ícono arquitectónico. No fue un capricho estético, fue una declaración de principios.
Don Nicolás quiso así, vincular sus vinos con el legado de las civilizaciones precolombinas. Más allá del simbolismo, este diseño ofrece ventajas prácticas y una organización interna eficiente, para la vinificación por gravedad en ciertos sectores

La historia de esta empresa es, en muchos sentidos, la historia del vino argentino moderno. Por el salto cualitativo que dio la bodega, de ser productora masiva, a una de las más reconocidas mundialmente por la calidad de sus vinos. Una transformación que se debe a la combinación entre la visión académica de Nicolás Catena Zapata con la energía científica de su hija, Laura.
La visitamos a fines de abril, con un grupo de Catadores y fue Carolina Fuller, responsable de hospitalidad, quien, con su tradicional sombrero cargado de pines de todo el mundo, nos dio la bienvenida con una copa de un sabroso espumoso, al tiempo que nos contaba la historia de esta familia del vino mendocino.

Carolina es de descendencia británica. Sus antepasados emigraron a un lado y otro del Río de la Plata. Eso hizo que siempre estuviera muy ligada con nuestro país, en especial en su niñez, cuando con sus padres venían en enero, a visitar a tíos y primos a la estancia de Ombúes de Lavalle. Allí, en Colonia, aprendió a montar a caballo y a arriar ganado. Llegaban en «lancha colectiva» y los iban a buscar en un viejo Land Rover, que según los niños…, “demoraba horas en llegar a la estancia”.
Una jugosa anécdota que precedió a la visita programada y a un memorable almuerzo en el restaurante Angélica Cocina Maestra de la propia bodega.

Sin duda el almuerzo en Angélica fue el mejor de los comienzos que pudimos haber tenido en esta escapada a la provincia andina. Elegimos el menú de 7 pasos, que en verdad terminan siendo más, por las sorpresas que al inicio y final sirven con agrado. La sencillez del menú lo dice todo y genera una expectativa que nunca es defraudada. Dice así:
Snacks
Trucha – Zanahoria
Remolacha – Molleja
Pan
Bife – Puerro – Arvejas
Manzana
Dulce de leche
El foco está puesto en el ingrediente fundamental del plato y cuando este llega a la mesa, todos juntos y sin preguntar quien pidió qué, la expectativa, se transforma en un momento mágico-real. Los colores, aromas, formas, y vajilla sorprenden a la vista. El olfato del comensal participa de forma activa, así como el gusto. Al ingerir la preparación, que suele ser de uno o dos bocados, es ahí cuando las papilas gustativas se encuentran en su momento culmine. El resultado es de placer, satisfacción, relamerse y dar fe que las expectativas se cumplieron. En ese instante, en la boca, es donde sobresale la complejidad, porque los aromas se entrelazan con los sabores, y las texturas de los insumos danzan a la perfección.

¿Y los vinos? Y los vinos son un divertimento aparte. Parte esencial de nuestros viajes. Si bien este tipo de menú se suele ofrecer con sugerencia de copa por cada plato, en Catadores tenemos la tradición que en cada comida un viajero es responsable de elegir los vinos de esa comida. Por lo general suelen pasarnos la responsabilidad a nosotros y entre todos jugamos ese juego. La selección en Angélica fue:
D.V. Catena Blanco Histórico 2023
D.V. Catena Pinot Noir – Pinot Noir 2023
Angelica Zapata Cabernet Franc Alta 2021
Angelica Zapata Malbec Alta 2021
San Felicien Semillon Doux 2021
Todos grandes vinos que supieron estar a la estatura del menú. Y son grandes porque hay historia, tradición, estudio, suelos y clima excelentes, buenos enólogos y una gran pasión que se transmite de generación en generación.
Bien merecida la estrella Michelin que ostentan y si se me permite, bien podrían gozar de una más. Si vas a Mendoza no te lo pierdas.
OMAR ICHUSTE
Licenciado en Negocios Internacionales y embajador del buen vivir. La cocina de su abuela italiana fue su gran inspiración y legado de sus 3 mandamientos: descubrir, probar y compartir. Apasionado por los vinos, la comida de autor y las culturas. Escribe desde su experiencia y lo cuenta sin omitir detalles.