Tras cada gran producto gastronómico suele haber una historia que sustenta su existencia y permanencia en el tiempo. El panorama culinario francés está repleto de orígenes extravagantes, competiciones insólitas y personajes estrafalarios. Estas son tres curiosidades de la cocina gala que merecen ser contadas

La baguette

El gobierno francés tiene unas normas estrictas sobre lo que es una baguette. La calidad y las características del pan francés más conocido, las regula detalladamente. Es muy curioso que la ley determine su longitud, anchura, peso y la proporción de ingredientes permitidas. El sello de calidad Label Rouge (etiqueta roja) especifica estas coordenadas de toda baguette de tradition francesa.  Todas las que se vendan en Francia entonces, deben medir entre 50 y 60 cm de longitud, 6 cm de anchura y pesar unos 250 gramos. Solo pueden llevar estos cuatro ingredientes: agua, harina de trigo, sal y levadura.

La tarta Tatin

Es una tarta de manzana invertida muy célebre, tanto en los bistrós como en los hogares. Nunca habría existido de no ser por un error. A fines del siglo XIX, dos hermanas, Stephanie y Caroline Tatin, regentaban un hotel de carretera en el valle del Loira. Según la versión de Stephanie, una mañana en la que estaba muy enredada y con mucho trabajo, se descuidó y una sartén que tenía al fuego con manzanas y mantequilla, se le empezó a quemar. En un intento de salvar ese caos caramelizado, la cubrió con una masa redonda y metió todo al horno. Los huéspedes del hotel quedaron encantados con el resultado y así nació la tarte Tatin. Lo que empezó como un error se ha convertido en una técnica respetada con el paso del tiempo y ahora existen miles de variantes según la temporada. Es muy popular también, la salada, de tomates confitados. Muchos estudiosos e investigadores de la gastronomía afirman que las tartas invertidas, existían en Francia desde antes del incidente de Stephanie Tatin. Sea como fuere, la historia de su origen es una forma de honrar a la cocina humilde, de los modestos bares de carretera. Así mismo, ellos han contribuido a la gran historia gastronómica de Francia.

El Chartreuse verde

Sólo dos monjes guardan bajo juramento, la receta de este famoso licor francés. Elaborado en un monasterio en la zona alpina de Francia desde hace siglos, la fórmula del famoso Chartreuse verde es un secreto muy bien guardado. Este licor, intenso y herbáceo, se sigue destilando bajo supervisión monástica en la ciudad montañosa de Aiguenoire. Sólo dos miembros privilegiados de la orden cartuja conocen su receta, que se transmite oralmente generación tras generación. Cada monje prepara su parte de la receta en soledad, para preservar la compleja mezcla de hierbas y especias alpinas, que moldean su esencia. Son dos las variantes principales. El Verde, más potente, herbáceo y picante de 55% alcohol. El Amarillo, más dulce y con notas de azafrán y miel, de 43%.

Fuente: www.tastefrance.com