Vivir en Yucatán y venir una vez por año al Uruguay, no parece algo inusitado. Es el caso de Ana Laura Long y Alejandro García, ella es uruguaya y rochense, él es mexicano. Pero el asunto cambia, si, además, esta pareja que vive a 12.500 km de distancia posee una casona colonial restaurada, que funciona como estancia turística. Queda en el Rocha profundo, a 45 km de Castillos por ruta 13. Y si, para completar lo audaz de la iniciativa, Ana y Alejandro aspiran a obtener vinos de categoría, a partir de su pequeño viñedo para producir vinos con destino a la exportación

En Yucatán encontró su lugar

Ella es diseñadora industrial e interiorista y en 2008 se radicó en Mérida, la capital yucateca, donde conoció a Alejandro. Juntos formaron una familia y tienen dos hijos. Como creadora, sus colecciones de mobiliario y arte en madera se comercializan a través de plataformas de diseño. Decididos a no cortar con las raíces rochenses, compraron en 2016, una finca y 50 hectáreas de campo, a las que luego, le sumaron otras 100. La casona estuvo abandonada durante 35 años, oculta tras una espesa enredadera que se la había “tragado”. Hoy puesta a nuevo, la Finca Consentido con sus cuatro habitaciones, puede albergar a una o dos familias, a un grupo de amigos o parejas, de hasta 10 personas. Es pionera entonces, en el nuevo mapa del enoturismo rochense, junto a Las Garzas y a Finca Becasina. Las tres forman un triángulo que la intendencia local, destaca en su sitio web: Sabores de Rocha.

Sólo tres uvas tintas

El pequeño viñedo comprende 5 hectáreas con 3 variedades: casi la mitad de Tannat, complementado con Merlot y Marselan. Las uvas se procesan en Viña Varela Zarranz, que también los asesora en diversas áreas de su proyecto. Escuchando el detallado relato que Alejandro me contaba a través de una videollamada, me pregunté: ¿Será esto un hobby? Una estancia que no se ubica en las rutas más transitadas y un viñedo tan lejos de las zonas productivas. Desde mi visión veo difícil obtener una rentabilidad.

Hoy el Este convoca mucho

De esta particular aventura Alejandro me contó… “Estamos muy conformes de tener nuestra casa, en los pagos de mi esposa. Sin embargo, no es un hobby, es un proyecto que busca su rentabilidad, con una lógica de negocio”. 

 Y agrega… “Por su ubicación algo remota, les ofrecemos a los interesados, ‘las llaves del patrón’, que incluye, la cocinera, la limpiadora y el servicio del personal que atiende el establecimiento. Aspiramos a generar, una ruta del vino junto a otros colegas, para consolidar el concepto de Sabores de Rocha«. Se puede solicitar alojamiento con reserva previa a través de www.descubreconsentido.com.uy

Si se analiza en retrospectiva, la vitivinicultura en Uruguay ha gravitado cada vez más hacia el este, en los últimos años. Casi no existía en la década del 90, cuando Paula Pivel y Álvaro Lorenzo plantaron sus primeros viñedos en Altos de la Ballena.

Exportar no es fácil, pero se puede

La pequeña producción de vinos hoy se vende en locales de IBER, pero la exportación es una meta. Manuel Bouza se ha integrado al proyecto y le suma toda la experiencia ganada en el negocio familiar. “Con él estamos buscando hacer una sinergia, para exportar a México y tener una presencia en este mercado que para nosotros es local. Cierto que la del vino es una industria compleja y hasta difícil, pero no dejamos de pensar que va a ser viable,” declara Alejandro.

Para finalizar: «Este es un proyecto familiar querido, por eso es ‘consentido’, pero jugamos con la palabra porque también tiene un sentido. De allí que elegimos y dimos prioridad para los vinos, descartando otros nombres que aluden a integrantes de nuestra familia”.

Queda claro entonces que…

Apostar al Este profundo del país, con convicción y rigor técnico, no es tarea sencilla. Sin embargo, la historia de Ana Laura y Alejandro confirma que, el enoturismo rochense sigue sumando actores con identidad propia. Finca Consentido ya es una realidad que combina hospitalidad, terruño y la ambición de llevar una copa rochense a las mesas de México y el mundo.