Adiós Michel Rolland
¡Sorpresa! Un infarto masivo se lo llevó… Gozaba de buena salud y auguraba una larga vida al verlo actuar tan desenvuelto y sonriente. Siempre dispuesto a encarar nuevos desafíos y transmitiendo sus ganas de vivir. Todos esperábamos más de él. Más aún, de lo que ya le había dado al mundo del vino

Originario de Pomerol, se graduó de enólogo en 1972, donde aprendió con Emile Peynaud, “el padre de la enología moderna”, las tres claves para obtener vinos de gran calidad: la madurez de la uva, la higiene dentro de la bodega y la selección de parcelas, para ubicar a las que siempre dan mejor calidad.

Mi primer contacto con él fue en el verano 2005, cuando en La Bourgogne de Punta del Este, vino a presentar sus nuevos vinos mendocinos. Llegaba precedido de un aura excepcional. En Mendoza había concretado algo parecido a una hazaña. La que se tradujo en convencer a 7 grandes productores de Burdeos, a invertir en su proyecto Clos de los Siete. Había comprado un enorme predio de 850 hectáreas, donde cada uno debía plantar sus viñedos y construir su bodega. Nunca se vio algo igual en el mundo del vino y esto se plasmó gracias al genio de Michel.

La segunda vez que nos encontramos fue en 2009, durante la Vinexpo de Burdeos. Él era consultor de Tenuta Masseto en el Bolgheri de la Toscana, finca en donde la Merlot es la reina que plasma a su gran tinto. Fueron 14 añadas, algo casi de ciencia ficción y comenzamos con las más antiguas: 1986 y 1987, que nos sorprendieron por su frescura a pesar de sus 20 años de vida. Él presentaba cada una contándonos, las peripecias del verano, si fue lluvioso o si fue de altas temperaturas, intercalando también algunas anécdotas para que resultara más entretenido. Estaba en acompañado del joven enólogo residente alemán, Axel Heinz. En mi opinión, las de 1997 y 2001, fueron las que descollaron, mostrando todo lo que un tinto superlativo debe ofrecer.

La última vez que nos encontramos fue en julio 2023, en un almuerzo en Los Cerros de San Juan. Acababa de firmar contrato para asesorar a esta antigua bodega coloniense. Sobre el final pude conversar brevemente con él. Le pregunté si antes de encarar una nueva consultoría… ¿él tenía en cuenta el nivel de calidad de los vinos que la bodega ya producía? Esta fue su contestación: “Cuando inicio un nuevo proyecto me interesa más evaluar, a la gente con la cual voy a trabajar y en este caso hacerlo con Rodolfo Bartora, me inspira gran confianza. No le doy tanta importancia a la calidad inicial de los vinos, porque si los técnicos nos entendemos, siempre podremos alcanzar las metas propuestas”.
Por supuesto que no podía faltar una pregunta sobre nuestro Tannat y esto es lo que me dijo: “He visitado varias veces Uruguay y creo que, a lo largo de 25 años, ha sido importante el avance que han tenido sus tintos. Por supuesto siempre hay chances de mejorar y es el desafío que nos presenta esta consultoría”.
Esa respuesta final en Los Cerros de San Juan lo define de cuerpo entero. Para Michel, el vino no era solo una cuestión de suelos o climas, sino de confianza y de equipo. Se fue un hombre que, mientras el mundo contaba puntajes, él prefería contar voluntades. Nos queda el consuelo de saber que, en cada rincón donde asesoró, no solo dejó mejores vinos, sino a técnicos más inspirados. El desafío del que hablaba queda ahora en nuestras copas. Salud, Michel.
EDUARDO LANZA
Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Comparte su saber y anécdotas de una forma atractiva desde hace más de 20 años. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino. Nos lo cuenta en un contexto histórico y cultural, y eso también lo hace diferente.
1 comment
Excelente semblanza, estimado Amigo. Salud y buen Vino.