Sin duda fue Estela de Frutos, quien quiso rescatar del olvido a la uva tinta Folle Noir y para ello, comenzó una cruzada que tiene algo de épico. Casi extinta hoy en Uruguay, apenas quedan menos de dos hectáreas cultivadas, que se reparten entre cinco pequeños viticultores. Tuvo gran protagonismo a principios del siglo XX, cuando se la llamaba Vidiella, con el apellido de don Francisco, que fue quien la trajo al país. Versátil, generosa y aromática, da vinos ligeros en color y textura. Se puede decir que, viene a ser la contra cara de la Tannat, que da mucho color y taninos importantes

Los “cruzados” en pro del rescate

Dos agrónomos se unieron a este desafío. Juan Pablo Fitipaldo, asesor enológico en Bodega Sacromonte y Gonzalo Pastorino, con amplia experiencia en el sector. Ambos coincidían en que esta variedad debía ser resucitada, para preservar su genética y por el estilo de vinos que puede llegar a dar.

“La información obtenida, dice que esta variedad es original del sudoeste de Francia, en concreto de la región de Cahors y que surgió de la cruza natural, entre Malbec y Folle Blanche. A la primera la conocemos bien y de la segunda sabemos, que es muy usada para elaborar cognac”, me comenta Juan Pablo.

No fue fácil para los dos socios en esta particular cruzada, encontrar viñedos que aún conservaran algunas parras en producción. Tuvieron que consultar a veteranos viticultores y apelar a su memoria, para después recorrer muchos kilómetros, procurando ubicar los lugares mencionados y comprobar que la información recibida era correcta.

¿Será la nueva promesa del Uruguay?

Encontraron entonces que, en cinco viñedos ubicados en Canelones, Montevideo, Colonia y San José, aún había algunas filas en producción. Apenas 1,5 hectáreas, de las 360 que había hace 15 años, pero suficientes para elaborar un primer varietal. Lo llamaron, 1ª Parcela Encontrada y se elaboró con uvas de un viñedo de Colonia Valdense, que apenas cuenta con 0.3 hectárea plantada en espaldera baja.

“El rescate vale la pena sin duda, no sólo por lo patrimonial, sino porque es una variedad que ha demostrado adaptarse muy bien, a las condiciones climáticas de Uruguay. Es una uva muy versátil, de color muy delicado, bajo grado alcohólico y taninos amables. Es justo lo que el mercado hoy pide”, complementa Fitipaldo.

Muy cierto lo que afirma, porque durante gran parte de su vigencia aquí, se la usaba para complementar los tintos de Tannat, en una época en que los varietales no se usaban. Resultaba ideal también, para elaborar rosados e incluso, usarla para vinos blancos con la técnica del Blanc de Noir de los franceses.

La Guía Descorchados reconoció el proyecto Últimas Parras, de Gonzalo y J. Pablo y distinguió al Folle Noir 2024, como Vino Revelación.

Estela de Frutos también valora mucho esta uva y con ella ha elaborado su línea Cronos, como un tributo a su gran pasado y para traerlo al presente. Su primer varietal lo hizo a partir de viejas viñas del viñedo La Cruz de Florida, uno que ya no existe porque se vendió el predio y el comprador, lo destinó a la cría de ganado.

En mundo ávido de novedades y de nuevos varietales, si este proyecto encuentra eco en más productores, Uruguay podría destacarse, al contar con otra cepa singular. Una que en otras regiones del planeta no se trabaja y hasta se desconoce.