Alberto y su colina redonda
Hoy no vamos a hablar de Alberto Antonini como lo solemos hacer cada vez que nos visita en nuestro país. Todos sabemos de su trayectoria profesional en su Italia natal, cuando trabajó para las familias: Frescobaldi y Antinori. También de sus estudios en las universidades de Florencia, Burdeos y California. De su bodega en Mendoza, por ser el enólogo consultor de Bodega Garzón y de gozar de la confianza absoluta de Don Alejadro Bulgheroni, para sus nuevos proyectos vitícolas en el mundo

Hoy vamos a hablar del Antonini más terrenal, quien nos recibió junto a Alessandra, su esposa, en su casa-bodega, en Cerreto Guidi, en la DO del Chianti Montalbano. El reencuentro fue en un soleado día de junio, en el que Alberto nos esperaba en la entrada del establecimiento. Parecía que la expectativa por el encuentro era de ellos, por recibir al grupo de catadores uruguayos. Tanta como nuestras ganas de conocer al fin, la tierra y los vinos creados por uno de los enólogos más importantes internacionalmente.

Poggiotondo, que en italiano significa: colina redonda, se ubica entre Florencia y Pisa. Entre los viñedos, cruzando la estrecha ruta, la visita comienza con la historia de esas tierras. Fue Carlo, su padre, un apasionado de la agricultura, quien compró esas tres hectáreas originales, que antes habían pertenecido al marqués Conti Guidi. Alberto y su hermana se criaron en ese maravilloso entorno toscano, de colinas, valles, viñedos, olivos y cipreses, muy cerca de la casa de Leonardo da Vinci.
Cuando Alberto y Alessandra tomaron las riendas de la propiedad, la transformaron en su residencia y bodega; un proyecto familiar donde cultivar vides y elaborar vinos que fueran reflejo de su filosofía enológica, y de un terruño milenario. Porque entre tantas vueltas al mundo, tantas cosechas encima y vinos elaborados, Poggiotondo es su cable a tierra.

Y llegó el momento de sentarse a la mesa, probar los vinos que el mismísimo Alberto descorchó, testeo primero y luego sirvió a cada uno de nosotros. Probamos un par de blancos de Vermentino, cepa autóctona de la región. También un Rosato de Sangiovese y luego varios Chianti.
En Poggiotondo se elaboran vinos que escapan al concepto del Chianti comercial, pesado o excesivamente extraído. Al enfocarse en variedades autóctonas como la Sangiovese, Canaiolo y Colorino, elabora etiquetas memorables como su Chianti Riserva Vigna delle Conchiglie, un fiel reflejo de esas parcelas repletas de fósiles marinos.

Alesandra comenzó a acercar tablas de un parmesano añejado que fue como tocar el cielo con las manos. Luego llegaron los chacinados, la burrata, la ensalada…, y el grupo conversaba saltando del español, al italiano y de este, al inglés. Los idiomas se entrelazaban, como los aromas y sabores de esa mesa, que nos hizo caer en la cuenta de que estábamos en la verdadera Italia.

Así comenzó nuestra aventura toscana. Alberto respondía las preguntas del grupo, en su español con dejo italiano, que lo hace tan cálido y particular. Mesurado y oportuno, hizo de aquella visita mucho más que una degustación, fue a decir de muchos, una verdadera clase magistral.
Alessandra contó que quiere conocer Uruguay. Le han hablado mucho sobre el hermoso mar de Punta del Este y desea conocerlo. Alberto, viene con las horas contadas y a trabajar sin pausa con el equipo de Bodega Garzón. Así que las catadoras del grupo la invitaron y casi le hicieron prometer a Alberto, que viajaría con ella prontamente.

Aquí estaremos para recibirla e intentar agasajarla como ella lo hizo con nosotros. Con una sonrisa amable y encantada de que aquella escudería le invadiera la casa. Prometimos volver, y si hay catadores, será en setiembre de este año.
Alberto y Alessandra, grazie mile.
OMAR ICHUSTE
Licenciado en Negocios Internacionales y embajador del buen vivir. La cocina de su abuela italiana fue su gran inspiración y legado de sus 3 mandamientos: descubrir, probar y compartir. Apasionado por los vinos, la comida de autor y las culturas. Escribe desde su experiencia y lo cuenta sin omitir detalles.