Las ferias de vino pueden ser muy divertidas, pero no negaré que también son agotadoras. Hay gente que puede pasarse ocho horas paseando entre puestos, charlando y catando, pero yo no soy una de ellas. Soy extrovertido, pero aun así necesito un respiro de la multitud. Y de la bebida

El vino: la pasión de Tim

A principios de esta semana, durante la Semana del Vino de Barcelona, ​​me tomé la mañana libre para dar un paseo con Nick Lloyd y otras siete personas. Nick es un experto en la Guerra Civil Española y realiza magníficos recorridos por la ciudad dos veces por semana, guiando a los visitantes a través de las fases del conflicto y el impacto que tuvo en la mayor metrópolis de Cataluña. Hacia el final del paseo hablamos de la Batalla del Ebro, que condujo, unos meses después, a la capitulación de Barcelona ante el ejército nacionalista, apoyado por Italia y Alemania, y, a su vez, a 36 años de dictadura.

Los viñedos que fueron campo de batalla

Esa misma tarde, volví a la feria, donde tenía una cita con Núria Altés, quien, junto con su marido, Rafa de Haan, dirige Herència Altés, elaborando algunos de los mejores vinos de la Terra Alta. No me había dado cuenta antes, pero su viñedo más selecto, La Serra, se encuentra entre Batea y Gandesa, dos pueblos que estuvieron en primera línea de la campaña del Ebro en 1938. Hay una foto del general Franco cerca de La Serra, dirigiendo el ataque al ejército republicano. Las dos mitades de mi día se habían unido.

Antigua imagen de la batalla de Teruel

Los detalles de la batalla, y el hecho de que Núria y Rafa aún encuentren casquillos de bala y otros recuerdos de aquel trágico conflicto entre las viñas, me hicieron darme cuenta, una vez más, de que el vino rara vez, o nunca, existe en el vacío. La tierra que hoy produce uvas tan especiales fue en su día el escenario de algo mucho más oscuro. Levanté mi copa y brindé en memoria de las personas valientes, muchas de ellas miembros de las Brigadas Internacionales, que murieron allí.

Fuente: Newsletter de Tim Atkin