Barras de Mahoma es un emprendimiento original que se diferencia de otros en nuestro mapa vitícola. Por un lado, sus propietarios Mario Rappa y Silvina Delafond, no tienen antecesores dedicados al rubro. Se puede decir que son “nuevos” y no cuentan con antiguos blasones para proclamar. Su establecimiento se ubica en San José, un departamento que no es tan nombrado cuando hablamos del vino uruguayo. En sus inicios, se dedicaba a la ganadería, luego se agregaron la agricultura y la forestación. El pequeño viñedo llegó recién en 2000 y en el predio no hay bodega, las uvas se las procesa Diego Spinoglio en Montevideo. Y Mario lo explica así... “me parece bueno rescatar el concepto de que Barra de Mahoma, es una empresa multirubro, en el que varios operan y se potencian entre sí..., intentando, avanzar en la cadena de valor, dentro de lo posible”

Silvia y Mario celebran con vino propio

Pero el asunto es cómo se pasa de una producción tradicional y clásica del campo uruguayo, a una tan específica como cultivar viñedos. Es que Mario siempre participaba de los grupos CREA ganaderos y cuando al final de los 90, llegó a instalarse en la zona, un francés, propietario del Ch. Haut Selve de Burdeos. ¿Plantó sus viñedos y fue entonces que junto con Silvina se dijeron… “¿y nosotros por qué no? Me integré entonces al grupo Julio Omar Borsani Viticultores, quien me dio la asistencia técnica para llevarlo a cabo”, recuerda. Sólo plantaron tres variedades tintas: Tannat y las dos Cabernet, en un espacio que no supera las 10 hectáreas, de las 1.400 que el predio tiene.

Los vinos de Mahoma, en San José

El proyecto prosperó y al comenzar las primeras vendimias, con una calidad de uva indudable, Establecimiento Juanicó se interesó en comprarles toda la producción. Así las cosas y llegado el año 2017 y en línea, con el concepto de agregar valor a los diferentes rubros del emprendimiento, decidieron empezar a elaborar sus propios vinos. Para concretar este nuevo paso, rrecurrieron a la bodega Spinoglio y habiendo cerrado el acuerdo, instalaron en ella sus tanques de acero y sus barricas de crianza.

El antiguo corral de piedra de la propiedad

Corral de la Sierra fue la primera marca, una que evoca el antiguo cerco de piedra aún vigente, que servía para encerrar el ganado. Ya ha transcurrido casi una década de los primeros vinos propios y algo a destacar es, lo acertado que fue plantar las Cabernet en ese valle de Mahoma. Recostado al macizo de piedra del mismo nombre y mirando al norte, se reveló como un lugar ideal para esas clásicas cepas de Burdeos. Más que nada, pensando en la Sauvignon, que no se da bien en otros parajes del Uruguay. Sin embargo, las distinciones llegaron para el Cabernet Signature y la añada 2020 obtuvo una medalla de oro en el concurso Bacchus 2024 en España. Y el chileno Patricio Tapia, para su guía Descorchados 2022 lo distinguió como el mejor Cabernet Sauvignon del Uruguay.

Recuerdos que perduran, sabores que trascienden

Tradición y modernidad en este dúo de Cabernet

Ahora tenemos en el mercado el Añoranza 2023, un bivarietal que suma la Cabernet Franc a su media hermana. “Lo presentamos envasado en botella borgoña y revestido de una etiqueta que semeja a un papiro, como para dar una imagen que, si bien somos nuevos en esto de la vinificación, tenemos un camino recorrido que abarca 25 años, o sea una generación”, dice Mario orgulloso de los resultados obtenidos. Silvina tuvo a su cargo el diseño y debajo del nombre colocó la leyenda:

De mi parte digo que es un tinto apetitoso, equilibrado y expresivo. Moderno en el sentido que, su crianza en madera no sobresale y apenas aparece en su perfil aromático. Hay tipicidad y una fluidez envolvente que deleita.

En resumen, Barras de Mahoma es un pujante emprendimiento, que se apoya en la familia y en un terroir único, al cual han sabido sacarle buen provecho.