Merecida trayectoria de familia
Luis A. Giménez fue socio de sus hermanos, en una bodega dedicada a los vinos de mesa hasta el año 1991, cuando junto a su esposa Marta Méndez, decidieron independizarse para iniciar su propio proyecto. Contaban con los viñedos, los que formaban parte del capital que les tocaba, al retirarse de la sociedad y compraron una bodega en la ciudad de Canelones de la cual quedaban solo las paredes

El comienzo no fue sencillo
Empezaron por repararla, limpiar, instalar la luz y el agua. Luego la equiparon para la elaboración, que al principio fue de vinos de mesa. Así comenzó la historia de la Bodega Giménez Méndez. Cinco años después, falleció Luis y Marta quedó sola al frente del negocio que habían soñado juntos. Con coraje y pensando en el futuro de sus tres hijos, siguió adelante.
Un viaje le abrió los ojos
Era el año 1997, cuando supo que Uruguay XXI auspiciaba un tour de bodegueros por Europa. Tomó entonces la decisión de viajar. “Lo aproveché mucho. Percibí una realidad tan diferente que me hizo ver el camino que debía seguir. Y entonces me dije, los vinos de mesa no son el futuro. Hay que empezar con los VCP. Debía invertir en tecnología, en reconvertir los viñedos y el BROU me dio un apoyo total”, relata Marta de aquella encrucijada.
En las últimas décadas Giménez Méndez ha evolucionado sustancialmente. Hoy en día cuenta con 125 hectáreas de campo, de las cuales 72 son de viñedos, repartidos en tres quintas. Una en Las Brujas, otra en Los Cerrillos y la tercera en Montevideo rural. La proporción destinada a VCP aumentó de forma considerable y es parte de una planificación que comenzó en los años 90, con el propósito de producir más vinos de calidad superior.

La sangre joven impulsa el proyecto
En 2008, Mauro Giménez Méndez, enólogo e hijo de Marta, se unió a trabajar con su madre apenas egresado. Junto con Gastón Vitale, su compañero de generación, supervisan todos los procesos y crean los nuevos vinos. El equipo gerencial se completó con Sebastián Gonzatto, Licenciado en Negocios Internacionales, quien ingresó a la bodega en 2007, para encargarse del comercio exterior y de los contactos con los clientes extranjeros.
Innovar fue la consigna
La energía y determinación de estos jóvenes los llevó a innovar y así lo cuenta Mauro: “Fuimos los primeros en sacar al mercado un varietal de Arinarnoa. Una cepa creada en Francia, cruza de Cabernet Sauvignon y Tannat. Es de taninos redondos y dulces y también da muy buen color. Realmente quedamos sorprendidos por el buen recibimiento que tuvo”, relata Mauro. “Si bien otros colegas también la cultivaban, la usaban sobre todo para tintos de corte”, agrega.
Una experiencia similar sucedió con la Malbec, que es minoritaria en Uruguay, pero tan exitosa en Argentina. Sin embargo, en 2006, los enólogos decidieron plantarla y en 2010 elaboraron el primer varietal. Comenzaron a ofrecerlo en Gran Bretaña, donde un importador les hizo un pedido, seguro de que lo podía colocar. Y así fue, Virgin Airlines adquirió la partida para ofrecerlo y servirlo en su clase ejecutiva.
Bajo la dirección de Marta, el trabajo ha dado sus frutos y las exportaciones lo demuestran. Desde hace años, Familia Giménez Méndez ocupa el quinto lugar en facturación, entre las bodegas exportadoras del Uruguay.
Por último, comenta Marta sobre la filosofía con que dirige la empresa.: “Nuestra estrategia fue siempre, ofrecer mayor calidad, con relación al valor que cuesta una botella de nuestros vinos. Es decir, priorizamos al consumidor, para que nunca se vea defraudado”.
EDUARDO LANZA
Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Comparte su saber y anécdotas de una forma atractiva desde hace más de 20 años. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino. Nos lo cuenta en un contexto histórico y cultural, y eso también lo hace diferente.