Las nuevas fronteras del vino
En todo curso inicial sobre vinos nos enseñan que la vid puede crecer principalmente en las zonas templadas de nuestro planeta, más precisamente entre los 30 y los 50 grados de latitud, en ambos hemisferios. En estas dos franjas están comprendidas las principales regiones vitivinícolas: el Viejo Mundo, y también Nuevo Mundo integrado entre otros por: California, Mendoza, Stellenbosch en Sudáfrica, el valle de Barossa en Australia y las dos principales islas de Nueva Zelanda. Por su parte, nuestro país se encuentra en su totalidad dentro de esta zona de privilegio

Sin embargo, debido al cambio climático estas fronteras tienden a desdibujarse. Zonas que antes eran aptas para la elaboración de vino fino, ahora presentan algunos problemas de pérdida de balance y aromas. Y nuevas zonas, donde antes era imposible llegar a una completa maduración, comienzan a presentarse como prometedoras.
Antes de analizar los cambios geográficos, es interesante mencionar algunas de las alternativas que permiten mitigar los efectos del aumento sostenido de las temperaturas, las sequías prolongadas y las lluvias intensas. Como es sabido, estos fenómenos extremos están ocurriendo en todo el planeta, siendo Europa el continente más castigado.

Dentro de estas medidas, la utilización de portainjertos que regulan la maduración de los frutos controla mejor el vigor de la planta o son más resistentes a la falta de agua y nutrientes. Pueden ayudar ciertamente, a contrarrestar los efectos antes mencionados. Otros aspectos a tener en cuenta consisten en cambiar el sistema de conducción (espaldera alta, parral, etc.) o realizar un manejo diferente de la canopia, manteniendo más capas de hojas superpuestas para ayudar en las olas de calor intenso. O también adelantar la vendimia para conservar un mayor nivel de acidez. Champagne hoy vendimia 2 a 3 semanas antes que en los años 70.
Asimismo, en muchos países existe un gran número de variedades de uva autóctonas, muy adaptadas y resistentes a las variaciones agroclimáticas actuales, que habían permanecido olvidadas y se están comenzando a evaluar. Italia en particular posee más de 500 variedades de este tipo, entre ellas la uva Erbamat de la Lombardía, que tiene una maduración más tardía que la Chardonnay.

También existen nuevas variedades denominadas PIWI (del alemán: PIlz WIderstandsfähig) obtenidas de múltiples cruzamientos entre Vitis Vinífera y otras especies de Vitis resistentes, que permiten reducir drásticamente el uso de fungicidas y son una herramienta clave por su buena adaptación en zonas húmedas y frías. Muchos países ya las están utilizando.

Otra estrategia es desplazar los viñedos a mayores altitudes. Un ascenso en altura de 150 a 200 metros puede compensar aproximadamente 1 grado Celsius de aumento térmico. Además, en altura existe una mayor amplitud térmica, lo cual favorece la síntesis y preservación de los compuestos aromáticos de la uva. En zonas de Mendoza (Argentina) como Gualtallary o Paraje Altamira hay viñedos implantados a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, con buenos resultados.

Veamos finalmente las nuevas zonas vitivinícolas que se están gestando. En la región francesa de Normandía, célebre por sus manzanas y su destilado de sidra denominado Calvados, existen micro proyectos para elaborar vino espumoso a base de Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay. Y en el sureste de Inglaterra (Kent, Sussex) hay actualmente grandes productores de espumosos (método tradicional) de muy buena calidad, que rivalizan con los de Champagne. Tasmania, isla situada al sur de Australia y de clima más frío, permite evitar el intenso calor del verano australiano. Bélgica, en su frontera norte con Países Bajos, también ha comenzado a elaborar vino a pequeña escala. Y en Dinamarca y Suecia el incremento de 2 grados Celsius en la temperatura media durante los últimos 50 años ha permitido elaborar los modernos vinos finos de origen escandinavo, principalmente con la variedad PIWI Solaris.
Lo único constante en la vida es el cambio y en este caso, el cambio climático, abre la posibilidad de nuevas regiones que se pueden convertir en productoras de vinos, mientras que otras tradicionales se pueden ver amenazadas.
PABLO MARTRES
Es Ingeniero de Sistemas, docente, tutor y apasionado por el mundo del vino. Sommelier y estudiante avanzado de Vitivinicultura. Combina el conocimiento técnico adquirido en diversas áreas y lo comparte con una mirada auténtica y reflexiva. Profundiza investigando las distintas facetas del vino con la misma pasión con que acompaña a sus alumnos