Era mayo de 1976 y sucedió en París. Fue entonces cuando, en una cata a ciegas organizada por el británico Steven Spurrier, se abrió un nuevo panorama para el vino mundial. Un jurado integrado por los más laureados críticos franceses eligió como el mejor de los tintos a un Cabernet Sauvignon californiano, dejando atrás a los consagrados de Burdeos. La sorpresa y el asombro fueron totales: una región nueva y sin antecedentes lograba colocar en el pedestal de los tintos a un varietal de origen francés. Fue el comienzo del reinado global del Cabernet Sauvignon

Santiago Deicas explicando la Cabernet Sauvignon

Años más tarde apareció Chile con los suyos, provenientes especialmente del Valle del Maipo. “Era la variedad más alabada, la más prestigiosa y la más vendida”, afirmaba Santiago Deicas durante la Masterclass de Cabernet Sauvignon que dictó el pasado miércoles 13 de mayo en Piso 40. Esta jugosa anécdota sirvió de prólogo para un recorrido que comenzó con el origen de esta cepa y su influencia fundamental en los grandes tintos de Burdeos.

Apasionados atentos a la masterclass

De la frustración a la identidad

Pasó luego a referir su propia experiencia con la variedad y a recordar la frustración de años anteriores por no poder alcanzar un perfil de estándar internacional bajo los viejos parámetros. “Durante años, en Uruguay hacíamos un Cabernet que nos avergonzaba. Mirábamos al Maipo chileno o al Napa Valley, buscábamos la opulencia de ellos y no llegábamos. Tan es así que no lo presentábamos a los críticos internacionales y no lo llevábamos a las ferias”, confesó con honestidad.

La experiencia, organizada por Familia Deicas, reunió distintas etiquetas de la bodega, desde Atlántico Sur hasta los Single Vineyard de El Carmen y Limited Edition de Sierra de Mahoma, además del clásico Cru D’Exception. Sin embargo, la velada tuvo un protagonista claro: Sudestada de Marzo, uno de los vinos más personales y experimentales de Santiago.

Cabernet Sauvignon Xtreme Vineyards cosecha extrema

El factor viento y la nueva tendencia

“Este es un vino de la línea Xtreme Vineyards; un Cabernet Sauvignon 2023 que proviene del viñedo en Cerro Egusquiza, en La Barra de Maldonado. Ahí, en Agua Verde, pegado al hotel Fasano, estamos a apenas siete kilómetros de la costa”, explicó al presentarlo.

El nombre llamó la atención de los presentes, pero tiene una explicación climática: este viento del verano, que a menudo llega acompañado de lluvias, es el que demora y complica la madurez de las uvas. No obstante, lo que antes parecía un escollo, hoy es una virtud. Los gustos del consumidor han cambiado y ya no se busca aquella opulencia de antaño. En su gran mayoría, el público se ha volcado hacia vinos menos intensos, más frescos, livianos y de perfil gastronómico, que es justamente lo que este viñedo costero entrega.

“Las cartas de vinos en el mundo están atiborradas de Cabernet Sauvignon, y lo que sirve es presentar uno diferente. Esto nos da un lugar, porque ahora nosotros tenemos un Cabernet atlántico-costero-sudamericano, con identidad propia y que calza a la perfección con la tendencia actual”, señaló Santiago.

Viñedos uruguayos recostados al mar

 

El futuro es oceánico

En paralelo, en encuentro dejó en evidencia que el Cabernet Sauvignon empieza a reclamar un lugar de privilegio en el país gracias a la influencia marítima. Con más del 90% del viñedo nacional ubicado a escasa distancia de la costa —repartido entre Canelones, Maldonado, Montevideo, San José y Colonia—, el potencial para este nuevo perfil es enorme.

Uruguay ya demostró su maestría con el Tannat y su idoneidad para blancos de perfil oceánico como el Albariño. Ahora, de la mano de propuestas audaces como las de Familia Deicas, el mapa se amplía. Al entender que nuestra fortaleza no está en emular la opulencia ajena sino en embotellar la frescura de nuestro propio clima, el Cabernet Sauvignon uruguayo deja atrás los complejos del pasado. Encontró, por fin, su propio lenguaje: uno fresco, elegante y profundamente atlántico.