El ángel guardián del Barbaresco
A Ángelo Gaja se le reconoce como un pionero audaz, que rompió con tradiciones y métodos de vinificación centenarios, lo que generó controversia en la región, por lo rupturista de sus acciones. Aunque justo es decir que así, pudo elevar drásticamente la calidad de los vinos del Barbaresco. En ese pueblo, su bisabuelo fundó la bodega y un restaurante llamado la Osteria del Vapore en 1859. Hoy pleno de energía a sus 85 años, comparte con sus hijos el manejo de su grupo, que abarca varias bodegas, la importación de vinos y accesorios, como la cristalería Riedel

A principios de año conocí más de su vida y andanzas, a través de un libro – Wine I love you – que me regaló mi amigo Gabriel García. Su autor, otro gran empresario italiano, Oscar Farinetti, el creador del conglomerado gastronómico Eataly, que cuenta con locales en varias ciudades del mundo. El texto consta de 12 entrevistas a destacados bodegueros italianos y en la suya, Ángelo cuenta… “Mi gran fortuna fue tener un padre que me enseñó el camino y con él, tuve que aprender a arar la tierra y a injertar la vid. En mi adolescencia yo era algo remolón y entonces él me decía… si el pan tuviera piernas, tú no lo alcanzarías y estarías muriéndote de hambre.”
Y también… “Empecé a trabajar a los 21 años y mi padre no me dejaba entrar en la bodega, sólo me mandaba al viñedo. En simultáneo estudiaba y en Turín me especialicé en Economía y Negocios”.

Cuando pudo empezar a tomar sus propias decisiones, adoptó el uso de barricas de roble francés, algo inaudito en la región. Así como, el control de temperatura en sus tanques de acero, para lograr una fermentación más precisa y limpia. En 1978 plantó un primer viñedo de Cabernet Sauvignon – casi un ultraje en una región exclusiva de Nebbiolo. Al año siguiente plantó Chardonnay y al otro, Sauvignon Blanc y fue una nueva ofensa, porque esa zona del Piamonte siempre fue de vinos tintos.
Con los años el negocio de este visionario fue creciendo y hoy cuenta con cuatro bodegas. La original en Barbaresco – DOCG Barolo; Pieve Santa Restituta en Montalcino; Ca’ Marcanda en Bolgheri; e Idda en Sicilia, un Joint Venture con la familia Gracci.
Su labor ha sido ampliamente reconocida. En 1985 la prestigiosa Wine Spectator calificó sus vinos como “los mejores jamás producidos en Italia”. En 1997, la misma revista americana le otorgó la portada y el Distinguished Service Award. Al año siguiente, la británica Decanter lo nombró Hombre del Año.

El joven Francesco Giardino nacido en Alba, Piamonte, con buen manejo de idiomas, es el Export Manager del grupo y estuvo en Montevideo como parte de una gira americana que, además del Cono Sur incluía México. Fuimos invitados por Vinos del Mundo, uno de los representantes de Gaja y sus bodegas en nuestro país, al Sofitel Carrasco para una degustación de cinco vinos.

Éramos tres en mi mesa, la compartía con Nino Ausan y Patricia Rodao. Con ella coincidimos en la evaluación del Ca’ Marcanda Vistamare 2024. Un blanco de cuerpo medio y aroma floral y frutado, que a ambos nos gustó por lo diferente, elaborado en base a Vermentino, Fiano y Viognier.
A los dos tintos de cepas bordelesas y de la misma bodega – añadas 2017 y 2018 – los encontré “Old Fashion”, porque a pesar del paso de los años, el roble aún tenía protagonismo y la tendencia actual indica que la madera no debe sobresalir, pero me gustaron porque soy de esa época.
Por último, en los dos tintos bien italianos – Nebbiolo y Barbera, añadas 2021 y 2023 – también coincidimos con Patricia, más claros, madera más sutil, acidez alta y notas ahumadas y de tabaco. Al instante conecté con ese gran Nebbiolo, Vilasar Sousao de Javier y Marcos Carrau, que con el paso de los años genera un bouquet inigualable y que lo hace tan especial y único.
En resumen, fue una degustación relevante, que nos permitió saber más, no sólo de este bodeguero y emprendedor, conocido como “El ángel guardián del Barbaresco”, también de sus excelentes vinos.
EDUARDO LANZA
Ingeniero Químico y experto en vinos. Su pasión lo ha llevado a visitar terruños, descubrir cepas y probar las más variadas etiquetas. Comparte su saber y anécdotas de una forma atractiva desde hace más de 20 años. Escribe y enseña con el mismo placer que degusta un vino. Nos lo cuenta en un contexto histórico y cultural, y eso también lo hace diferente.