Desde la región de Beaujolais viajamos al sur, hasta Aviñón. Y aquí pudimos disfrutar de otra de las ventajas de la experiencia Catadores: visitar un lugar histórico extraordinario, acompañados de guías locales en español, con gran expertise. Una lección de historia mientras visitábamos la ciudad medieval con sus murallas aún intactas, que durante doscientos años sustituyó a Roma como residencia de los Papas

Visitamos Clos du Calvàire de la familia Roumieux, una de las más prestigiosas bodegas de la región Châteauneuf-du-Pape. Aquí la uva madre es la Grenache, que se da en variedades blanca y tinta. Ningún vino puede conservar la DOC Châteauneuf-du-Pape si no está elaborado por lo menos con un 50% de Grenache, pero no sólo con ella. La lista de otros varietales que se utilizan en su elaboración es tan variada como sorprendente: Syrah, Mourvedre, Roussane, Vaccarese, Cinsault, Clairette, Picpoul, Picardan, Terret Noir, Bourboulenc y Mascardin entre otras.  Confesemos que algunas era la primera vez que escuchábamos nombrar.

Primero fue el turno de Les Terres de la Crau 2024. Excelente vino blanco de un dorado untuoso y buen cuerpo, elaborado en base a Grenache blanca, Bourboulenc y Roussane. Luego siguieron los tintos que alternaban entre los 100% Grenache con vinos de corte de: Grenache, Syrah y Mourvedre. Y de nuevo lo que más nos impresionó fue la elegancia y esa forma de hacer vinos con una suavidad y calidad. Incluso nos llamó la atención que los Syrah estaban muy domados y sin el “penacho” típico que se puede sentir en lo Syrah australianos u otros similares.

Celler des Princes fue la segunda visita de la región. Esta es una cooperativa de más de 160 productores, todos muy cercanos uno del otro. La primera sorpresa: de un lado de la carretera son Châteauneuf-du-Pape y del otro Côtes du Rhône. El mismo terruño, el mismo clima y las mismas varietales. La enorme cooperativa produce vinos en ambas DOC. Los Côtes du Rhône son mucho más económicos que sus primos hermanos del otro lado de la ruta. La única explicación es que la tierra de estos cuesta diez veces más cara que la de los del “costado del Rhône”. Un límite arbitrario e incomprensible.

Aquí la degustación fue amplia, probando 3 Châteauneuf-du-Pape: Le Mourre 2022, un excelente corte de Grenache y Mourvedre ; Hauts des Coteaux 2019, blend de Grenache, Syrah y Mourvedre que empató y superó al anterior; para finalizar con Heredita 2019, mejor aún y con una graduación alcohólica de 16º que ni siquiera se sentía en boca. Su etiqueta sólo revelaba que estaba elaborado con viñas centenarias de Grenache bajo el lema latino “Nove sed non nova” que ellos traducen como que la manera de hacer ese vino será nueva, pero no la materia con la que se hace.

Entre bodega y bodega, Catadores propuso un día de pleno turismo, visitando: Saint Remy de Provence y en los mismos lugares donde Van Ghog pintó sus cuadros más famosos. También admiramos acueducto romano en Pont du Garde, todavía en pie luego de más 2.000 años. Y ascendimos hasta lo alto del peñón de Baux de Provence, con su villa centenaria en torno a las ruinas del castillo medieval que fue destruido en el siglo XVII durante las guerras de religión.