Un regalo de cumpleaños
Como regalo de cumpleaños, mis hijos me obsequiaron un vale por una visita, degustación, almuerzo, cena y estadía en Bodegas Spinoglio. Fue una sorpresa total, porque hasta ese momento no tenía noticia de sus vinos y menos de su bodega. En una reunión de degustación de las que organiza Catadores, le pregunté a uno de los amigos y comensales habituales: “¿Sabés algo de Spinoglio? ¿qué tal son sus vinos?”. La respuesta fue: “Te van a sorprender. No te pierdas esa visita”. Y luego de postergarla demasiado tiempo por razones de trabajo y otros compromisos, realizamos por fin la visita un viernes de principios de noviembre

La primera sorpresa es la belleza del lugar, los árboles centenarios y el muy buen reciclaje arquitectónico, combinando una vieja bodega clásica dotada ahora de instalaciones modernas y funcionales. La bodega tiene más de 120 años y fue iniciada en 1898 por don José Campomar. Durante casi todo ese tiempo fue un típico lugar de viñedos de los muchos que se instalaron en el cinturón de Montevideo y el sur de Canelones en esos años. Viñedos cultivados por inmigrantes y bodegas dedicadas a producir vinos de mesa en cantidad y volumen.
Desde el año 2007 es propiedad de Diego Spinoglio (cuarta generación de una familia dedicada al rubro) y de su esposa Alejandra Bruzzone, arquitecta y responsable del proyecto y transformación del lugar.
Cuenta la historia que el bisabuelo Luigi Spinoglio, nacido en Casale Monferrato (Piamonte, Italia), llegó a Uruguay a finales del siglo XIX y se estableció como productor vitícola en las afueras de Montevideo. En 1961 su nieto Ángel compró la bodega. Hoy es Diego quien continúa la tradición, pero apostando ahora a la producción de vinos de calidad.
El restorán es excelente, el lugar acogedor y la simpatía de todos nos habla de una tradición de amor a la tierra, al viñedo y a la tarea a la que están abocados.

La degustación fue una sucesión de descubrimientos y sorpresas: comenzamos con un Chardonnay, muy bien logrado realmente, con tipicidad varietal y su aroma inconfundible. Seguimos con un Cabernet Franc 2023. Nos aclaran que no usaron viñas locales sino uvas del viñedo situado en Cerro del Toro, en Piriápolis. Bien logrado, agradable en boca y con 13, 3º de alcohol. Lo que siguió fueron palabras mayores: Tonel Diez, Corte único. Blend de cosechas del 2009 al 2023 seleccionando lo mejor de cada añada: 40% Cabernet Franc, 40% Tannat y 20% Merlot. Aplausos en la barra…, excelente…, nos encantó. Un vino de guarda y para esperarlo unos años.

Pensamos que iba a ser difícil superarlo, pero lo que siguió fue extraordinario: un varietal Tannat cien por ciento. Con el primer sorbo me asombró la potencia alcohólica. Fui a mirar la botella y decía 15%. Pocos bodegueros se atreven a llegar a ese límite y sabemos que por razones difíciles de comprender INAVI no permite superarlo. El vino es excelente…, uno de los mejores Tannat que he probado en mucho tiempo.
Agrego que, a la hora de las compras, además de los dos últimos, me traje cuatro botellas de Espumoso Brut Nature, hecho cien por ciento con Chardonnay. Todavía no lo probé, pero si mantiene la calidad del Chardonnay con el que comenzamos la degustación, sin duda va a ser un placer brindar con él en Navidad y Año Nuevo.
Almorzamos allí, recorrimos el viñedo y luego de una cena memorable, nos fuimos a pasar la noche en las habitaciones para huéspedes de la bodega. Este punto merece un capítulo aparte por la tarea de Alejandra Bruzzone y esposa de Diego. Viene de una familia también íntimamente ligada al cultivo de la vid y las bodegas, con dos hermanos enólogos, uno trabajando en Garzón y el otro en las bodegas Fabre Montmayou en Mendoza. Ella optó por la arquitectura y está dedicada justamente al diseño de bodegas, no sólo en la propia sino trabajando con la mayoría de las bodegas del país.
Sus logros en la bodega familiar son algo que vale la pena conocer, no sólo por el reciclaje de la vieja casona familiar en restorán y sala de degustación. En la gran sala se celebran casamientos todos los fines de semana y con reservas agotadas desde aquí a marzo. También recicló un enorme aljibe subterráneo con capacidad para de 450.000 litros de agua en sala de toneles. Y su mayor logro sea quizá la transformación de los viejos tanques cilíndricos y de hormigón de la bodega en dormitorios para huéspedes con calidad cinco estrellas.

La bodega tenía cuatro tanques gigantes de 150.000 litros cada uno, testigos de la época en la que se usaban ese tipo de instalación para la producción. A primera vista unas construcciones en bloques de hormigón, feas y sin otro destino posible que su demolición.
Alejandra soñó con otra cosa: diseñó y logró su transformación en cuatro dormitorios con baño en suite y un gran ventanal con vistas al viñedo. Una maravilla de buen gusto, luz y diseño minimalista. Otro motivo para no perderse la visita al lugar y poder pasar la noche allí luego de una cena maravillosa y bien regada con los vinos de la casa.
CATADORES
Nos gusta el vino, la comida, y la buena vida. También viajar y leer, probar y disfrutar. Nos gustan las experiencias y creemos que compartirlas hace bien.