Siempre viajo a Buenos Aires atraída por su variada oferta cultural y gastronómica. El pasado fin de semana aproveché para sumergirme en la experiencia VICO, un wine bar que abrió sus puertas en octubre y que ofrece todos sus VI-nos por CO-pa, particularidad que le da origen a su nombre y que permite conocer más de 140 etiquetas

Al entrar a VICO respiré delicadeza y contención. El reconocido sommelier Pablo Colina me recibió y, luego de acompañarme a la mesa que había reservado, me entregó una wine card, una especie de pasaporte para viajar por la historia que hay detrás de las 140 etiquetas seleccionadas estratégicamente por él.

“A cada mesa le corresponde una wine card con crédito abierto para el consumo. Cada vez que desees tomar un vino la introducís en los dispensers y, cuando se ilumine la botella, seleccionás la medida de copa que prefieras con su respectivo costo: 35 ml, 75 ml o 150 ml”, me explicó Pablo.

Con una copa en la mano empezó el juego, tan lúdico como mi curiosidad y deseos de aprender quisieran, porque VICO es un espacio tanto para los grandes conocedores del vino, como para sus amantes y recientes exploradores. Sin una carta impresa de por medio, como en una vinoteca o feria tradicional, hice la ruta del vino por bodegas de toda la Argentina a través de la tecnología de los dispensers italianos Wineemotion.

“La idea es que hagas un wine tour por el bar porque la carta es caminada, está a la vista. Siempre vas a estar acompañada por un sommelier o estudiante avanzado que te va a asesorar y a contar qué ofrecemos en cada uno de los sectores, en los que a medida que vas avanzando te encontrarás con vinos más complejos”, indicó Gabriela Vinocur, copropietaria del local.

Mi experiencia VICO comenzó con un Pinot Noir y continuó con un diálogo de película. Como en una escena de “Sideways”, Pablo me explicó sus características y Gabriela alabó sus virtudes. Que el Pinot Noir sea su cepa preferida explica que VICO brille desde octubre en una calle tranquila de Villa Crespo, tras una exclusiva atención y un cuidado especial por el más mínimo detalle en el desarrollo de su diseño y gastronomía.

“Por lo general, en los restaurantes hay muy poca oferta de vinos por copa y te ofrecen los más baratos o de mesa. Entonces, nuestro objetivo es acercar los mejores vinos en un ambiente relajado, con una onda descontracturada y que las personas tengan la posibilidad de probar etiquetas caras. Por eso no vendemos botellas de vino, sólo de espumantes y champagne”, dijo Pablo.

En el camino conocí a Fernando Procupez, esposo y socio de Gabriela en este emprendimiento que comenzó a gestarse a fines del año pasado, con un equipo de sólida trayectoria, fundadores de la distribuidora de vinos y bebidas Coyanco en 2003. Fernando estaba en la barra, junto a Carlo Contini y Emanuel Dobryden, los bartenders responsables de una carta con 23 cocktails para los que buscan una propuesta alternativa al vino.

Detrás de la pared con un gran pulpo pintado se encuentra una cocina de producto, de la que salen los elegantes platos firmados por el chef Julián del Pino. La variedad de opciones al estilo tapeo o plato principal es ideal para darle rienda suelta a la creatividad a la hora de elegir un maridaje. El cordero braseado y el pulpo con papas fueron las elecciones que me conquistaron. Y las peras en vino tinto especiado con una emulsión de cheesecake de cabra me garantizaron un final redondo en boca.

El recorrido lineal terminó en el segundo piso con vinos de bodegas internacionales ubicados en un testing room, pensado para realizar eventos privados. Al igual que el primer piso, sus paredes están pintadas por artistas amigos y reflejan la personalidad del equipo a través de objetos personales que son parte de la decoración. “Todos somos amantes del vino y de nuestro trabajo, por eso, desde lo que nos gusta hacer, pensamos en construir algo que pueda apoyar a la industria y que continúe comunicando el vino”, afirmó Gabriela.

Un concepto moderno e interactivo a servicio del vino me llevó a conocer este nuevo wine bar en Buenos Aires. Luego de un par de horas me fui a los abrazos y agradecimientos, con más de 140 razones para volver.

Fotos: Antonella Hausmann